Titulo:
La avaricia rompe la familia
Personajes:
AVARISTO
ROBERTO, compañero de clase de AVARISTO
MAMEN, madre de ROBERTO
RAMÓN, padre de ROBERTO y ex pareja de MAMEN
(ROBERTO
es un chico de casi 18 años que sale de clase acompañado por AVARISTO, uno de
sus compañeros de clase.)
AVARISTO: Y bueno, ROBERTO, ¿qué has pensado hacer este año para
tu cumpleaños?
ROBERTO: Me gustaría montar una fiesta bestial, de esas que se
recuerden toda la vida.
AVARISTO: ¡Eso estaría un montón de guay!
ROBERTO: Sería una fiesta tope especial.
AVARISTO: ¿Una de esas como las que hacen los chicos del último
curso?
ROBERTO (pateando una
piedra con rabia.): Sí, AVARISTO, una como esas. Lo malo es que apenas
tengo un duro.
AVARISTO: Bueno no te rayes, ya llegará una oportunidad.
Acuérdate cómo el año pasado nos sacamos una pasta vendiendo papeletas para un
viaje.
ROBERTO: Sí, hasta que el de mates se enteró, avisó al director
y nos expulsaron…
AVARISTO: Ya se nos ocurrirá algo.
(Los
dos chicos andan durante un rato, cabizbajos y pensativos, hasta llegar a casa
de ROBERTO. Al acercarse a la entrada, ROBERTO tropieza con algo que hay tirado
en el suelo. Los dos se detienen y miran al suelo.)
AVARISTO: ¿Qué es esto?
ROBERTO (agachándose):
¡Anda una cartera!
AVARISTO: Y tiene cantidad de pasta. ¡Jo, qué suerte tienes!
ROBERTO: Pero AVARISTO, no creo que deba quedármela.
AVARISTO: Pero si está enfrente de tu casa. Esto es una señal.
ROBERTO: Sí, una señal para devolverla. Voy a mirar a ver si tiene
documentación.
AVARISTO: ¡No mires nada! Birlemos el dinero y tirémosla.
ROBERTO (alzando un
brazo.): Oye, Avaristo, la he encontrado
yo.
AVARISTO: Tranqui, tronqui.
ROBERTO: No quiero que se enteren y nos expulsen otra vez.
AVARISTO: Vaya aguafiestas que eres. No se tiene por qué enterar
nadie.
ROBERTO: ¿Estás seguro?
AVARISTO (arrebatándole la
cartera y volviéndose.): Pues claro, venga, va; no me rayes más. Vamos a
contar a ver cuanta pasta tiene.
ROBERTO: Espera, déjame verlo a mí también.
AVARISTO (dándole la
espalda): Aquí hay mucha mandanga. Podremos hacer un montón de cosas.
ROBERTO (duda rascándose
el mentón): No sé…
AVARISTO: Piensa en la fiesta que vamos a montar con todos los
colegas. Va ser la mejor fiesta de la historia mundial.
ROBERTO: Pero y si…
AVARISTO: Llamaremos a un Dj, alquilaremos un local y avisaremos
a todas las nenas. A María la primera.
ROBERTO: AVARISTO, eso suena bien. María que no falte.
AVARISTO: ¡Pues claro! No todos los días se cumplen 18. Menuda
fiestaca me voy a pegar.
ROBERTO: Querrás decir nos vamos a pegar.
AVARISTO: Bueno eso… Es que te veo dudar tanto…
(Los
dos quedan en silencio un momento y ROBERTO mira de una manera muy
significativa a su compañero de clase.)
AVARISTO: ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así? ¿Tengo monos en la
cara?
ROBERTO: (moviendo una mano):
Anda, devuélveme la cartera.
AVARISTO: Toma toda tuya — (se
la da en un gesto brusco y se aparta)— Bueno, me piro adiós.
(AVARISTO
echa a correr y deja a ROBERTO frente a la puerta de su casa. El chico, sin darle más vueltas, mira una última vez la
cartera antes de guardársela en el bolsillo del pantalón y entrar a su casa. La
casa de ROBERTO es una casa humilde, pero con toda clase de objetos de lujo
tirados sin orden ni concierto. Hay algunas cajas de cartón a medio abrir en
diferentes lugares. Todo está desordenado, pero limpio. MAMEN, una mujer de
mediana edad, con cara de preocupación recibe al chico.)
ROBERTO: Hola, mamá. ¡Vaya cara! ¿Qué pasa?
(La madre de ROBERTO suspira sin decir nada.)
ROBERTO: ¿Otra vez te has peleado con papá?
MAMEN: No, esta vez es otra cosa. ¿Recuerdas cuando te dije
que como este año cumples 18 te regalaría aquella consola?
ROBERTO: Sí, claro. ¿Por qué?
MAMEN: Pues que no va a poder ser.
ROBERTO (Alzando la voz):
¡Joder! ¡Pero cómo que no! Si me lo prometiste…
MAMEN: Lo sé hijo, lo sé.
ROBERTO: Si no me compras la consola no tendré tema de
conversación en el instituto. Nadie querrá hablar conmigo y todos me darán la
es…
MAMEN: ¡Cállate de una vez y ayúdame!
(La
madre de ROBERTO se pone a rebuscar entre las cajas. ROBERTO se queda intrigado
con los brazos en jarras.)
MAMEN: Es que no encuentro la cartera… Estoy segura de que la
llevaba esta mañana antes de salir a la calle, pero no sé… la mudanza, tu padre
y todo lo demás… — (suspira)— estoy
harta ya de todo esto.
(MAMEN
patea una de las cajas sin ver como ROBERTO hace un esfuerzo no por echarse a
llorar por su mala acción.)
ROBERTO: (Con la voz
quebrada) Bueno no te apures no necesito ningún regalo de cumpleaños…Ya
verás como aparece.
MAMEN: Ojala apareciera porque llevaba todo el sueldo del mes
y no quisiera tener que pedirle nada a tu padre ahora que ya no…
(ROBERTO
se pone a escarbar en las cajas y sacando disimuladamente la cartera de su
bolsillo se la da a su madre, que sonríe agradecía.)
ROBERTO: Mira mama está aquí.
MAMEN: ¡Dios mío! Menos mal —(abriendo la cartera con sorpresa)— ¡Pero si esta casi vacía! Aquí
solo hay dos billetes.
ROBERTO: ¿Cómo? No puede ser.
MAMEN: ¿Dónde está el resto del dinero?
ROBERTO: No lo sé. Esto es muy raro.
MAMEN: ¿De veras crees que vamos a pasar el mes con esto?
Anda, hijo no hagas más tonterías y dámelo que esto es una cosa muy seria. Te
voy a comprar la consola, pero dame el dinero ahora mismo.
ROBERTO: Pero, si es que yo no lo tengo…
MAMEN: ¿Qué pasa? Eres tan avaricioso que no tienes bastante
con una consola, sino que quieres todo mi sueldo para ti.
ROBERTO: Pero, mama, yo no lo tengo. Te lo juro…
MAMEN: ¡Serás perro, cada vez te pareces más a tu padre!
(MAMEN
se quita una zapatilla y empieza a perseguir a su hijo por la casa desordenando
todo aún más.)
ROBERTO: La culpa es de AVARISTO que se quiere montar la fiesta
por su cuenta.
MAMEN: ¡Pero qué tontería es esa!
ROBERTO: He sido un tonto —(sin
dejar de correr y lloriqueando)— ahora me he quedado sin regalo de
cumpleaños y también sin fiesta.
MAMEN: No busques excusas tontas y ven aquí.
(Madre
e hijo se persiguen por toda la casa, pero ROBERTO es más ágil y esquiva con
facilidad a su madre. De repente la puerta se abre y aparece RAMÓN, el padre de
ROBERTO.)
RAMÓN: ¿Qué estáis haciendo?
ROBERTO: Mala hora para la visita, papa.
MAMEN: Es este maldito crio, que cada vez se parece más a ti.
(Su
padre se cruza en la persecución y ROBERTO escapa escondiéndose detrás de una
pila de cajas, sin que sus padres le vean.)
MAMEN: Ya te pillaré… —(gritando
y poniéndose la zapatilla de nuevo)— y tú, ¿qué puñetas quieres ahora? Ya
te quedaste con la casa.
RAMÓN: Legalmente aún no… bueno verás solo me falta una firma
que…
MAMEN: ¡Acaso importa eso! Tú vives allí y yo aquí.
RAMÓN: Por favor, no discutamos más. Tú vas a quedarte con ROBERTO.
MAMEN: Y tú, RAMÓN, vas a quedarte con la casa.
RAMÓN: En realidad no. Escúchame, el martes que viene vamos a
cerrar la operación de compraventa de acciones de una importante empresa. Esta
vez tengo un soplo de un buen amigo y voy a ganar mucho…
MAMEN: Sí, igual que aquel que te dijo que iban a subir…
RAMÓN: No, espera, espera, déjame que termine —(pide, alzando los brazos con gesto
tranquilizador)— Esta vez es de verdad. Esta vez habrá pasta de verdad. Con
el dinero cancelaré la hipoteca de la casa y te la podrás quedar toda para ti.
MAMEN: Mira, RAMÓN, no me creo nada. ¿Qué vas a pedirme a
cambio?
RAMÓN: Solo que firmes tu renuncia a la custodia de ROBERTO.
MAMEN: ¿Solo eso?
RAMÓN: Solo eso.
MAMEN: ¿Y me quedaré con la casa?
RAMÓN: Y te quedarás con la casa.
MAMEN: ¿Y el coche?
RAMÓN: Y el coche. ¿Y el coche? No, espera un momento. El
coche lo compré yo.
MAMEN: Pero si solo lo usas para ir y venir de la oficina.
RAMÓN: Pero también lo uso los fines de semana.
MAMEN: Ir a una cabaña rural a tirarte a tu secretaria no
cuenta.
RAMÓN: Vale, vale, no cuenta, pero reconoce que yo uso el
coche más que tú.
MAMEN: Si no lo uso yo es porque lo usas tú.
RAMÓN: Bueno, tendrás el maldito coche, pero firma de una vez.
(RAMÓN
se acerca a una mesa y saca de su portafolios un impreso y una elegante pluma
de ejecutivo. MAMEN toma la pluma y hace ademán de firmar. RAMÓN esboza una
sonrisa, sin embargo, MAMEN se detiene y duda pensativa. ROBERTO continua
detrás de las cajas asomándose de vez en cuando para ver qué hacen sus padres.)
MAMEN: ¡No pienso firmar!
RAMÓN: Pero, ¿por qué no?
MAMEN: No voy a caer en la trampa para que te quedes tú con
todo.
RAMÓN: Vaya tontería.
MAMEN: Mejor será que continuamos hablando a través de los
abogados como hacíamos hasta ahora.
RAMÓN: Qué no, que así tardamos más. Hazme caso.
MAMEN: Vaya, ahora el señor empeñado en “me quiero quedar con
la casa” ya no puede mandar a su abogado. Muy mal tienes que estar para haber
venido a engañarme tú en persona.
RAMÓN: ¡Que no! ¡Que solo quiero hablar contigo!
(MAMEN
se gira, se cruza de brazos y le da la espalda. Entonces RAMÓN se acerca por su
espalda y la abraza.)
RAMÓN: (susurrando
suavemente) Te echo de menos, Mam. A ti y al crio. Os echo de menos a los
dos.
MAMEN: Ahora para ti soy MAMEN y quítame las zarpas de encima.
(MAMEN
se deshace de él, avanza dos pasos y se vuelve para mirarle a los ojos.)
RAMÓN: Podríamos volver a ser una familia.
MAMEN: ¿Esa familia que tú has destruido?
RAMÓN: Mira, MAMEN…yo… podría… podría darte tantas cosas. Solo
si tú me lo permitieras…
(Se
produce un silencio incomodo. MAMEN por un momento parece dudar. ROBERTO saca
la cabeza entre las cajas sin importarle ya que le vean. RAMÓN extiende los
brazos esperando a MAMEN que parece dudar.)
MAMEN: Quizás tengas razón…
(MAMEN
se acerca a RAMÓN y se funden en un fuerte abrazo y le quita la cartera. ROBERTO
sale de detrás de las cajas y se une a sus padres.)
RAMÓN: Me alegra que hayamos llegado a un acuerdo. Para mí no
hay nada más importante que mi familia, que sois vosotros.
MAMEN: Eso espero.
RAMÓN: Cuando el martes firme ese acuerdo de compraventa
seremos ricos y todo cambiará para mejor.
ROBERTO: Pues, papa, quédate a comer.
RAMÓN: Me gustaría, pero debo volver pronto a la oficina. Cuídate
mucho y sobre todo cuida del crio.
MAMEN: Adiós
ROBERTO: Hasta pronto, papa.
(RAMÓN
abandona la casa. MAMEN cierra la puerta y mira a ROBERTO muy seria.)
MAMEN: Y ahora dame el dinero.
ROBERTO: Pero, mama, si yo no lo tengo.
MAMEN: Está muy feo robar y codiciar los bienes ajenos. No sé
de quién has aprendido eso.
ROBERTO: Ha sido AVARISTO.
MAMEN: Tendrás que traerme hasta el último céntimo o invitaré
a tu María una de estas tardes.
(MAMEN
saca de su bolsillo la tarjeta de crédito de RAMÓN. ROBERTO la mira atónito con
los ojos muy abiertos. )
ROBERTO: Pero, mama, tú has dicho que…
MAMEN: Ya sabes que nunca nos alcanza…
(TELÓN)
No hay comentarios:
Publicar un comentario