domingo, 24 de abril de 2016

La avaricia rompe la familia (Avaricia)

Titulo: La avaricia rompe la familia

Personajes:
AVARISTO
ROBERTO, compañero de clase de AVARISTO
MAMEN, madre de ROBERTO
RAMÓN, padre de ROBERTO y ex pareja de MAMEN


(ROBERTO es un chico de casi 18 años que sale de clase acompañado por AVARISTO, uno de sus compañeros de clase.)

AVARISTO: Y bueno, ROBERTO, ¿qué has pensado hacer este año para tu cumpleaños?
ROBERTO: Me gustaría montar una fiesta bestial, de esas que se recuerden toda la vida.
AVARISTO: ¡Eso estaría un montón de guay!
ROBERTO: Sería una fiesta tope especial.
AVARISTO: ¿Una de esas como las que hacen los chicos del último curso?
ROBERTO (pateando una piedra con rabia.): Sí, AVARISTO, una como esas. Lo malo es que apenas tengo un duro.
AVARISTO: Bueno no te rayes, ya llegará una oportunidad. Acuérdate cómo el año pasado nos sacamos una pasta vendiendo papeletas para un viaje.
ROBERTO: Sí, hasta que el de mates se enteró, avisó al director y nos expulsaron…
AVARISTO: Ya se nos ocurrirá algo.

(Los dos chicos andan durante un rato, cabizbajos y pensativos, hasta llegar a casa de ROBERTO. Al acercarse a la entrada, ROBERTO tropieza con algo que hay tirado en el suelo. Los dos se detienen y miran al suelo.)

AVARISTO: ¿Qué es esto?
ROBERTO (agachándose): ¡Anda una cartera!
AVARISTO: Y tiene cantidad de pasta. ¡Jo, qué suerte tienes!
ROBERTO: Pero AVARISTO, no creo que deba quedármela.
AVARISTO: Pero si está enfrente de tu casa. Esto es una señal.
ROBERTO: Sí, una señal para devolverla. Voy a mirar a ver si tiene documentación.
AVARISTO: ¡No mires nada! Birlemos el dinero y tirémosla.
ROBERTO (alzando un brazo.): Oye, Avaristo, la he encontrado yo.
AVARISTO: Tranqui, tronqui.
ROBERTO: No quiero que se enteren y nos expulsen otra vez.
AVARISTO: Vaya aguafiestas que eres. No se tiene por qué enterar nadie.
ROBERTO: ¿Estás seguro?
AVARISTO (arrebatándole la cartera y volviéndose.): Pues claro, venga, va; no me rayes más. Vamos a contar a ver cuanta pasta tiene.
ROBERTO: Espera, déjame verlo a mí también.
AVARISTO (dándole la espalda): Aquí hay mucha mandanga. Podremos hacer un montón de cosas.
ROBERTO (duda rascándose el mentón): No sé…
AVARISTO: Piensa en la fiesta que vamos a montar con todos los colegas. Va ser la mejor fiesta de la historia mundial.
ROBERTO: Pero y si…
AVARISTO: Llamaremos a un Dj, alquilaremos un local y avisaremos a todas las nenas.  A María la primera.
ROBERTO: AVARISTO, eso suena bien. María que no falte.
AVARISTO: ¡Pues claro! No todos los días se cumplen 18. Menuda fiestaca me voy a pegar.
ROBERTO: Querrás decir nos vamos a pegar.
AVARISTO: Bueno eso… Es que te veo dudar tanto…

(Los dos quedan en silencio un momento y ROBERTO mira de una manera muy significativa a su compañero de clase.)

AVARISTO: ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así? ¿Tengo monos en la cara?
ROBERTO: (moviendo una mano): Anda, devuélveme la cartera.
AVARISTO: Toma toda tuya — (se la da en un gesto brusco y se aparta)— Bueno, me piro adiós.

(AVARISTO echa a correr y deja a ROBERTO frente a la puerta de su casa. El chico, sin darle más vueltas, mira una última vez la cartera antes de guardársela en el bolsillo del pantalón y entrar a su casa. La casa de ROBERTO es una casa humilde, pero con toda clase de objetos de lujo tirados sin orden ni concierto. Hay algunas cajas de cartón a medio abrir en diferentes lugares. Todo está desordenado, pero limpio. MAMEN, una mujer de mediana edad, con cara de preocupación recibe al chico.)

ROBERTO: Hola, mamá. ¡Vaya cara! ¿Qué pasa?
 (La madre de ROBERTO suspira sin decir nada.)
ROBERTO: ¿Otra vez te has peleado con papá?
MAMEN: No, esta vez es otra cosa. ¿Recuerdas cuando te dije que como este año cumples 18 te regalaría aquella consola?
ROBERTO: Sí, claro. ¿Por qué?
MAMEN: Pues que no va a poder ser.
ROBERTO (Alzando la voz): ¡Joder! ¡Pero cómo que no! Si me lo prometiste…
MAMEN: Lo sé hijo, lo sé.
ROBERTO: Si no me compras la consola no tendré tema de conversación en el instituto. Nadie querrá hablar conmigo y todos me darán la es…
MAMEN: ¡Cállate de una vez y ayúdame!

(La madre de ROBERTO se pone a rebuscar entre las cajas. ROBERTO se queda intrigado con los brazos en jarras.)

MAMEN: Es que no encuentro la cartera… Estoy segura de que la llevaba esta mañana antes de salir a la calle, pero no sé… la mudanza, tu padre y todo lo demás… — (suspira)— estoy harta ya de todo esto.

(MAMEN patea una de las cajas sin ver como ROBERTO hace un esfuerzo no por echarse a llorar por su mala acción.)

ROBERTO: (Con la voz quebrada) Bueno no te apures no necesito ningún regalo de cumpleaños…Ya verás como aparece.
MAMEN: Ojala apareciera porque llevaba todo el sueldo del mes y no quisiera tener que pedirle nada a tu padre ahora que ya no…

(ROBERTO se pone a escarbar en las cajas y sacando disimuladamente la cartera de su bolsillo se la da a su madre, que sonríe agradecía.)

ROBERTO: Mira mama está aquí.
MAMEN: ¡Dios mío! Menos mal —(abriendo la cartera con sorpresa)— ¡Pero si esta casi vacía! Aquí solo hay dos billetes.
ROBERTO: ¿Cómo? No puede ser.
MAMEN: ¿Dónde está el resto del dinero?
ROBERTO: No lo sé. Esto es muy raro.
MAMEN: ¿De veras crees que vamos a pasar el mes con esto? Anda, hijo no hagas más tonterías y dámelo que esto es una cosa muy seria. Te voy a comprar la consola, pero dame el dinero ahora mismo.
ROBERTO: Pero, si es que yo no lo tengo…
MAMEN: ¿Qué pasa? Eres tan avaricioso que no tienes bastante con una consola, sino que quieres todo mi sueldo para ti.
ROBERTO: Pero, mama, yo no lo tengo. Te lo juro…
MAMEN: ¡Serás perro, cada vez te pareces más a tu padre!

(MAMEN se quita una zapatilla y empieza a perseguir a su hijo por la casa desordenando todo aún más.)

ROBERTO: La culpa es de AVARISTO que se quiere montar la fiesta por su cuenta.
MAMEN: ¡Pero qué tontería es esa!
ROBERTO: He sido un tonto —(sin dejar de correr y lloriqueando)— ahora me he quedado sin regalo de cumpleaños y también sin fiesta.
MAMEN: No busques excusas tontas y ven aquí.

(Madre e hijo se persiguen por toda la casa, pero ROBERTO es más ágil y esquiva con facilidad a su madre. De repente la puerta se abre y aparece RAMÓN, el padre de ROBERTO.)

RAMÓN: ¿Qué estáis haciendo?
ROBERTO: Mala hora para la visita, papa.
MAMEN: Es este maldito crio, que cada vez se parece más a ti.

(Su padre se cruza en la persecución y ROBERTO escapa escondiéndose detrás de una pila de cajas, sin que sus padres le vean.)

MAMEN: Ya te pillaré… —(gritando y poniéndose la zapatilla de nuevo)— y tú, ¿qué puñetas quieres ahora? Ya te quedaste con la casa.
RAMÓN: Legalmente aún no… bueno verás solo me falta una firma que…
MAMEN: ¡Acaso importa eso! Tú vives allí y yo aquí.
RAMÓN: Por favor, no discutamos más. Tú vas a quedarte con ROBERTO.
MAMEN: Y tú, RAMÓN, vas a quedarte con la casa.
RAMÓN: En realidad no. Escúchame, el martes que viene vamos a cerrar la operación de compraventa de acciones de una importante empresa. Esta vez tengo un soplo de un buen amigo y voy a ganar mucho…
MAMEN: Sí, igual que aquel que te dijo que iban a subir…
RAMÓN: No, espera, espera, déjame que termine —(pide, alzando los brazos con gesto tranquilizador)— Esta vez es de verdad. Esta vez habrá pasta de verdad. Con el dinero cancelaré la hipoteca de la casa y te la podrás quedar toda para ti.
MAMEN: Mira, RAMÓN, no me creo nada. ¿Qué vas a pedirme a cambio?
RAMÓN: Solo que firmes tu renuncia a la custodia de ROBERTO.
MAMEN: ¿Solo eso?
RAMÓN: Solo eso.
MAMEN: ¿Y me quedaré con la casa?
RAMÓN: Y te quedarás con la casa.
MAMEN: ¿Y el coche?
RAMÓN: Y el coche. ¿Y el coche? No, espera un momento. El coche lo compré yo.
MAMEN: Pero si solo lo usas para ir y venir de la oficina.
RAMÓN: Pero también lo uso los fines de semana.
MAMEN: Ir a una cabaña rural a tirarte a tu secretaria no cuenta.
RAMÓN: Vale, vale, no cuenta, pero reconoce que yo uso el coche más que tú.
MAMEN: Si no lo uso yo es porque lo usas tú.
RAMÓN: Bueno, tendrás el maldito coche, pero firma de una vez.

(RAMÓN se acerca a una mesa y saca de su portafolios un impreso y una elegante pluma de ejecutivo. MAMEN toma la pluma y hace ademán de firmar. RAMÓN esboza una sonrisa, sin embargo, MAMEN se detiene y duda pensativa. ROBERTO continua detrás de las cajas asomándose de vez en cuando para ver qué hacen sus padres.)

MAMEN: ¡No pienso firmar!
RAMÓN: Pero, ¿por qué no?
MAMEN: No voy a caer en la trampa para que te quedes tú con todo.
RAMÓN: Vaya tontería.
MAMEN: Mejor será que continuamos hablando a través de los abogados como hacíamos hasta ahora.
RAMÓN: Qué no, que así tardamos más. Hazme caso.
MAMEN: Vaya, ahora el señor empeñado en “me quiero quedar con la casa” ya no puede mandar a su abogado. Muy mal tienes que estar para haber venido a engañarme tú en persona.
RAMÓN: ¡Que no! ¡Que solo quiero hablar contigo!

(MAMEN se gira, se cruza de brazos y le da la espalda. Entonces RAMÓN se acerca por su espalda y la abraza.)

RAMÓN: (susurrando suavemente) Te echo de menos, Mam. A ti y al crio. Os echo de menos a los dos.
MAMEN: Ahora para ti soy MAMEN y quítame las zarpas de encima.

(MAMEN se deshace de él, avanza dos pasos y se vuelve para mirarle a los ojos.)

RAMÓN: Podríamos volver a ser una familia.
MAMEN: ¿Esa familia que tú has destruido?
RAMÓN: Mira, MAMEN…yo… podría… podría darte tantas cosas. Solo si tú me lo permitieras…

(Se produce un silencio incomodo. MAMEN por un momento parece dudar. ROBERTO saca la cabeza entre las cajas sin importarle ya que le vean. RAMÓN extiende los brazos esperando a MAMEN que parece dudar.)

MAMEN: Quizás tengas razón…

(MAMEN se acerca a RAMÓN y se funden en un fuerte abrazo y le quita la cartera. ROBERTO sale de detrás de las cajas y se une a sus padres.)

RAMÓN: Me alegra que hayamos llegado a un acuerdo. Para mí no hay nada más importante que mi familia, que sois vosotros.
MAMEN: Eso espero.
RAMÓN: Cuando el martes firme ese acuerdo de compraventa seremos ricos y todo cambiará para mejor.
ROBERTO: Pues, papa, quédate a comer.
RAMÓN: Me gustaría, pero debo volver pronto a la oficina. Cuídate mucho y sobre todo cuida del crio.
MAMEN: Adiós
ROBERTO: Hasta pronto, papa.

(RAMÓN abandona la casa. MAMEN cierra la puerta y mira a ROBERTO muy seria.)

MAMEN: Y ahora dame el dinero.
ROBERTO: Pero, mama, si yo no lo tengo.
MAMEN: Está muy feo robar y codiciar los bienes ajenos. No sé de quién has aprendido eso.
ROBERTO: Ha sido AVARISTO.
MAMEN: Tendrás que traerme hasta el último céntimo o invitaré a tu María una de estas tardes.

(MAMEN saca de su bolsillo la tarjeta de crédito de RAMÓN. ROBERTO la mira atónito con los ojos muy abiertos. )

ROBERTO: Pero, mama, tú has dicho que…
MAMEN: Ya sabes que nunca nos alcanza…


(TELÓN)


No hay comentarios:

Publicar un comentario