Pereza
Título Levántate
Personajes:
MUJER
(Luz atenuada. Una
casa Una cama donde hay un muñeco de alguien durmiendo bajo las sabanas. En la
habitación contigua suena un despertador durante un buen rato. Alguien lo apaga
y se oyen suspiros y lamentos. Al poco una mujer en pijama aparece en escena frotándose
los ojos y bostezando. Mira el reloj y vuelve a frotarse los ojos. Se
despereza. Luego mira la cama donde nada se mueve. Se acerca a la cama. Bosteza
otra vez. )
MUJER: ¡Venga que ya es la hora! Levántate.
(La mujer va hacia la ventana y descorre la cortina. La luz sube de intensidad.)
MUJER: Levántate. No quiero que me vuelva a llamar la
profesora de matemáticas como la otra vez porque llegas tarde. Siempre es tu
madre quien tiene que cargar con todo por tu culpa. Y yo digo que no es justo.
Tienes que poner más de tu parte. Así que deja de remolonear y levántate. Mejor
no digas nada. No me vengas otra vez con la tontería de que te da pereza. Eso
se supera.
(La mujer mira la cama donde no se mueve nada.)
MUJER: Sí, sí, ya sé que en la cama se está muy bien. Yo
también pasaría el día en la cama. Ahí tumbada sin moverme, sin tener que ir a
la oficina a aguantar al jefe ni tener que hacer nada en todo el día como haces
tú. ¡Mira tú qué bien! Pero no, eso no es la vida. Bueno, al menos la nuestra
no. No sé si la de algún millonario por ahí, pero la nuestra ya te digo que no.
La vida hay que ganársela porque las cosas no llueven del cielo y menos si te
pasas todo el día en la cama. Así que venga, levántate.
(La mujer se acerca más a la cama.)
MUJER: ¿Cinco minutos más? Bueno está bien, pero solo cinco ¿eh?
Ni uno más. Que luego me llaman del instituto. Ves haciéndote a la idea de que esto
tiene que cambiar, bueno que si tiene que cambiar…esto va a cambiar como que me
llamo María. Que hoy sea el último día, no será que no te lo digo. Así que ya
estás avisado. Y que no se te ocurra contestarme. Hala ya lo sabes. Tienes
cinco minutos para salir de la cama y vestirte.
(La mujer sale de la escena y se oye una ducha. La mujer
canta en la ducha. Luego se oyen ruidos de un armario y cajones Se está
vistiendo. La mujer canta mientras se viste. Al rato vuelve a escena ya vestida
con ropa de calle y peinada. La cama no se mueve.)
MUJER: ¿Pero todavía estás así? Mira que al final me voy a tener
que enfadar de verdad. ¿Qué quieres, quemarme los nervios? No, si es que la
culpa es mía por dejarte vaguear así. Te pasas todo el día sin hacer nada. Al
volver de clase, a jugar a la consola; al terminar de comer, a ver la tele;
luego por la tarde, a salir con los amigos… Todo el santo día sin hacer nada de
nada. Pero es que luego tienes la cara de decir que estás cansado y quieres
dormir la siesta. Y no, no me vengas con la excusa de que te da pereza. ¿Me
estás oyendo?
(La mujer pone una mano sobre la cama sin recibir
respuesta.)
MUJER: ¿Pero tú te crees que la vida la regalan? Sí, claro ya
me gustaría a mí vivir así. Y que me traigan el desayuno con zumo de limón y
tostadas con mermelada. Pero, hijo, eso no es la vida. En la vida tienes que ir
tú a buscar la mermelada y el pan para tostarlo y a exprimir el limón. Eso o
tener una madre tan tonta y tan buena como yo que te lo haga todo. Pero esto se
va a acabar ¡Ah, sí! Si te piensas que vas a vivir toda la vida como el rey del
Pitiminí vas listo. Así que levántate que a partir de hoy vas a comer en la
mesa como todo el mundo. Que se la última vez que…
(Se oye una voz masculina en off diciendo: Bueno, ¿qué pasa,
viene o no viene?)
MUJER: Ya me está llamando tu padre. ¡Te empeñas y al final lo
vas a conseguir! No solo vas a llegar tarde tú, sino que vas a hacernos llegar
tarde a nosotros también. No tienes remedio. Quiero verte levantado cuando
vuelva o se saco yo, aunque sea de las orejas. ¡Ya me tienes frita! ¿No te das
cuenta de que vas a perder la guagua? ¡Venga levanta de una vez!
(La mujer sale de escena. Se oye el ruido de una cafetera,
tostadora, tazas y platos. El matrimonio está desayunando. Después se oye como
el padre se marcha al trabajo. Se oye un beso de despedida y el ruido de una
puerta al cerrarse. La mujer vuelve entrar en escena.)
MUJER: ¿Pero tú no oyes cuando te hablan? Bueno ya está bien. Te
voy a contar hasta cinco. Uno...dos…tres…cuatro… ¡Cinco! …(La mujer agita
las sabanas para hacer levantar a su hijo. Se incorpora y se cruza de brazos
frustrada.) Si es que no tienes
remedio. Otra vez más vas a perder la guagua. (La mujer consulta su reloj.)
Ya has perdido la guagua, pero mira que esto te voy a descontar de tu paga del
fin de semana. No quieres ir al instituto,
No quieres hacer los deberes, ni recoger la mesa, ni venir a la compra, ni
ayudar a tu padre cuando te lo pide, ni nada… Es que me da pereza mama, me
dices, ¿y qué te crees qué a mí me gusta? Yo también me canso, pero trabajo. Ayer
me dijiste que estabas supercansado y que te ibas a morir de trabajar tanto después
de hacer tus tareas. Hoy mama he hecho todas mis tareas, decías orgulloso. ¡Pero
si apenas hiciste nada! Venga ya está bien.
(La mujer agita las sabanas. Sin respuesta.)
MUJER: ¡Levántate! ¿Es que no me has oído? No te puedes pasar
el día entero durmiendo, ahí tirado como un muerto.
(La mujer estira de la sabana un poco, la levanta y mira
en su interior. Mira con cara de sorpresa y algo de miedo también.)
MUJER: ¡Pero si está muerto! Murió de tanto trabajar. Murió
cansado. ¡Madre mía y ahora me toca recoger a mí! (La mujer mira a su
alrededor.) Uff que pereza… me voy a echar una cabezadita y ya si eso después…
Y todo yo sola… Bueno mejor lo dejo para mañana que hoy estoy muy cansada.
(TELÓN)
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