domingo, 24 de abril de 2016

Levántate (Pereza)


Pereza
Título   Levántate

Personajes:
MUJER

 (Luz atenuada. Una casa Una cama donde hay un muñeco de alguien durmiendo bajo las sabanas. En la habitación contigua suena un despertador durante un buen rato. Alguien lo apaga y se oyen suspiros y lamentos. Al poco una mujer en pijama aparece en escena frotándose los ojos y bostezando. Mira el reloj y vuelve a frotarse los ojos. Se despereza. Luego mira la cama donde nada se mueve. Se acerca a la cama. Bosteza otra vez. )

MUJER: ¡Venga que ya es la hora! Levántate.

(La mujer va hacia la ventana y descorre la cortina.  La luz sube de intensidad.)

MUJER: Levántate. No quiero que me vuelva a llamar la profesora de matemáticas como la otra vez porque llegas tarde. Siempre es tu madre quien tiene que cargar con todo por tu culpa. Y yo digo que no es justo. Tienes que poner más de tu parte. Así que deja de remolonear y levántate. Mejor no digas nada. No me vengas otra vez con la tontería de que te da pereza. Eso se supera.

(La mujer mira la cama donde no se mueve nada.)

MUJER: Sí, sí, ya sé que en la cama se está muy bien. Yo también pasaría el día en la cama. Ahí tumbada sin moverme, sin tener que ir a la oficina a aguantar al jefe ni tener que hacer nada en todo el día como haces tú. ¡Mira tú qué bien! Pero no, eso no es la vida. Bueno, al menos la nuestra no. No sé si la de algún millonario por ahí, pero la nuestra ya te digo que no. La vida hay que ganársela porque las cosas no llueven del cielo y menos si te pasas todo el día en la cama. Así que venga, levántate.  

(La mujer se acerca más a la cama.)

MUJER: ¿Cinco minutos más? Bueno está bien, pero solo cinco ¿eh? Ni uno más. Que luego me llaman del instituto. Ves haciéndote a la idea de que esto tiene que cambiar, bueno que si tiene que cambiar…esto va a cambiar como que me llamo María. Que hoy sea el último día, no será que no te lo digo. Así que ya estás avisado. Y que no se te ocurra contestarme. Hala ya lo sabes. Tienes cinco minutos para salir de la cama y vestirte.

(La mujer sale de la escena y se oye una ducha. La mujer canta en la ducha. Luego se oyen ruidos de un armario y cajones Se está vistiendo. La mujer canta mientras se viste. Al rato vuelve a escena ya vestida con ropa de calle y peinada. La cama no se mueve.)

MUJER: ¿Pero todavía estás así? Mira que al final me voy a tener que enfadar de verdad. ¿Qué quieres, quemarme los nervios? No, si es que la culpa es mía por dejarte vaguear así. Te pasas todo el día sin hacer nada. Al volver de clase, a jugar a la consola; al terminar de comer, a ver la tele; luego por la tarde, a salir con los amigos… Todo el santo día sin hacer nada de nada. Pero es que luego tienes la cara de decir que estás cansado y quieres dormir la siesta. Y no, no me vengas con la excusa de que te da pereza. ¿Me estás oyendo?

(La mujer pone una mano sobre la cama sin recibir respuesta.)

MUJER: ¿Pero tú te crees que la vida la regalan? Sí, claro ya me gustaría a mí vivir así. Y que me traigan el desayuno con zumo de limón y tostadas con mermelada. Pero, hijo, eso no es la vida. En la vida tienes que ir tú a buscar la mermelada y el pan para tostarlo y a exprimir el limón. Eso o tener una madre tan tonta y tan buena como yo que te lo haga todo. Pero esto se va a acabar ¡Ah, sí! Si te piensas que vas a vivir toda la vida como el rey del Pitiminí vas listo. Así que levántate que a partir de hoy vas a comer en la mesa como todo el mundo. Que se la última vez que…

(Se oye una voz masculina en off diciendo: Bueno, ¿qué pasa, viene o no viene?)

MUJER: Ya me está llamando tu padre. ¡Te empeñas y al final lo vas a conseguir! No solo vas a llegar tarde tú, sino que vas a hacernos llegar tarde a nosotros también. No tienes remedio. Quiero verte levantado cuando vuelva o se saco yo, aunque sea de las orejas. ¡Ya me tienes frita! ¿No te das cuenta de que vas a perder la guagua? ¡Venga levanta de una vez!

(La mujer sale de escena. Se oye el ruido de una cafetera, tostadora, tazas y platos. El matrimonio está desayunando. Después se oye como el padre se marcha al trabajo. Se oye un beso de despedida y el ruido de una puerta al cerrarse. La mujer vuelve entrar en escena.)

MUJER: ¿Pero tú no oyes cuando te hablan? Bueno ya está bien. Te voy a contar hasta cinco. Uno...dos…tres…cuatro… ¡Cinco! …(La mujer agita las sabanas para hacer levantar a su hijo. Se incorpora y se cruza de brazos frustrada.) Si es que no tienes remedio. Otra vez más vas a perder la guagua. (La mujer consulta su reloj.) Ya has perdido la guagua, pero mira que esto te voy a descontar de tu paga del fin de semana.  No quieres ir al instituto, No quieres hacer los deberes, ni recoger la mesa, ni venir a la compra, ni ayudar a tu padre cuando te lo pide, ni nada… Es que me da pereza mama, me dices, ¿y qué te crees qué a mí me gusta? Yo también me canso, pero trabajo. Ayer me dijiste que estabas supercansado y que te ibas a morir de trabajar tanto después de hacer tus tareas. Hoy mama he hecho todas mis tareas, decías orgulloso. ¡Pero si apenas hiciste nada! Venga ya está bien.

(La mujer agita las sabanas. Sin respuesta.)

MUJER: ¡Levántate! ¿Es que no me has oído? No te puedes pasar el día entero durmiendo, ahí tirado como un muerto.

(La mujer estira de la sabana un poco, la levanta y mira en su interior. Mira con cara de sorpresa y algo de miedo también.)

MUJER: ¡Pero si está muerto! Murió de tanto trabajar. Murió cansado. ¡Madre mía y ahora me toca recoger a mí! (La mujer mira a su alrededor.) Uff que pereza… me voy a echar una cabezadita y ya si eso después… Y todo yo sola… Bueno mejor lo dejo para mañana que hoy estoy muy cansada.



(TELÓN)

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