domingo, 24 de abril de 2016

Ponte a la cola (Lujuria)

Lujuria
Título   Ponte a la cola 

Personajes:
EMILIO novio de Begoña y exnovio / amante de Ana
BEGOÑA novia de Emilio y exnovia / amante de Mauro
ANA taquillera que comprueba las entradas
MAURO taquillero que comprueba las entradas

Personajes sin texto:
Guardia de seguridad que abre y cierra la puerta de acceso a la sala de conciertos.
Gente que está en las colas esperando.

(Para entrar a una sala de conciertos hay dos colas, una en cada taquilla. En medio de las taquillas está la puerta principal de acceso. La puerta está cerrada. EMILIO y BEGOÑA están en la cola de la derecha, que lleva hasta la taquilla donde trabaja ANA.)

BEGOÑA: Se me están congelando las manos…
EMILIO: Venga, Begoña, no te quejes,
BEGOÑA: …y los pies
EMILIO: No será para tanto.
BEGOÑA: Es que llevamos esperando por lo menos ya una hora.
EMILIO: No te apures ya entraremos.
BEGOÑA: Como sigamos así nos vamos a perder el principio del concierto.
EMILIO: ¿Y qué quieres qué yo le haga?
BEGOÑA: Pues inventa algo, Emilio.
EMILIO: ¿Cómo qué?
BEGOÑA: Yo que sé. Al fin y al cabo si hubieras comprado las entradas de las gradas de arriba ahora ya estaríamos dentro. Mira que te lo dije y tú ni caso. La culpa es tuya por no hacerme nunca caso.
EMILIO: Eran más baratas ¿Vale?
BEGOÑA: No, no vale.
EMILIO: Deja de quejarte, te pones insoportable.
BEGOÑA: ¡Vaya día de aniversario que me estás dando!
EMILIO (entre dientes): No si al final la culpa es mía…

(Los dos quedan callados observando cómo la otra cola tampoco avanza y la gente empieza a impacientarse.)

EMILIO: Escucha, para cuando termine el concierto te tengo preparada una sorpresa.
BEGOÑA: Espero que no seas tú desnudo metido dentro de una caja de cartón plastificada junto con un bote de nata montada.
EMILIO: No, no, tranquila, esta vez es algo serio.
BEGOÑA: Espero que al menos esta vez valga la pena.
EMILIO: Sí, ya lo verás.
BEGOÑA: O que al menos compense lo de las entradas del concierto.
EMILIO: ¿Te gustan los restaurantes italianos?
BEGOÑA (entusiasmada): ¡Ay, sí que bien!
EMILIO: Sabía que te gustaría.
BEGOÑA: Este va a ser el mejor aniversario de todos.
EMILIO: Tengo mesa reservada y todo.
BEGOÑA: ¿En serio?
EMILIO: Sí
BEGOÑA (abrazándose a él y dando saltitos): Gracias, cari. Eres el mejor.
EMILIO: Pero eso no es lo mejor.
BEGOÑA: ¿Amn no?
EMILIO (con voz picara): No, porque según he leído las opiniones en internet lo mejor son los aseos. A última hora podemos ir a echar…
BEGOÑA: Ay… Emilio, tú siempre pensando en lo mismo…
EMILIO: ¡Que no, que lo he visto por ahí!
BEGOÑA: Ya, ya, ahora disimula.

(BEGOÑA ríe y abraza a EMILIO que la besa con pasión durante unos instantes. Entonces la persona que está tras ellos en la cola les da un toque en el hombro para que avancen, ya que la cola se mueve. La gente está cada vez más nerviosa y algunos quieren colarse.)

BEGOÑA: Mira, cari, ahora se mueve un poco la cola.
EMILIO: No, en realidad lo que pasa es que hay gente que está intentado colarse.
BEGOÑA: Pues es verdad.
EMILIO (A alguien entre la gente): Eh oiga, no tenga tanto morro.

(La gente gira la cabeza, pero nadie contesta)

BEGOÑA: Deberías ir a ver qué pasa ahí delante.
EMILIO: Lo que voy a hacer es ir a partirle la cara a ese…
BEGOÑA: No, Emilio, déjalo…
EMILIO: ¿No estabas cansada de esperar?
BEGOÑA: En realidad prefiero que lo dejes así…
EMILIO: Voy a ver qué pasa. Espérame aquí sin moverte para que no nos quiten el sitio.
BEGOÑA: Vale, no tardes.
EMILIO: Enseguida vuelvo.

(EMILIO se acerca hasta el principio de la cola y ve llegar a ANA, la taquillera y antes de abrir la taquilla se dirige a él)

ANA: ¿Emilio? ¿Eres tú?
EMILIO: Hola, Ana, ¡Cuánto tiempo!

(Ambos se dan dos besos afectuosos colocando la mano en la espalda del otro)

ANA: ¿Por qué dejaste de llamarme?
EMILIO: Pero si te llamé. Ya te dije que nunca te olvidaría.
ANA: Por cierto, ¿qué es ahora de tu vida? ¿Qué haces?
EMILIO: Dejé el taller para montar el mío propio
ANA: ¿Y qué tal?
EMILIO: No me va mal del todo.
ANA: Me alegro.
EMILIO: Dime, ¿qué haces tú?
ANA: Pues encontré este trabajo y todo genial.
EMILIO: ¿Y en el amor que hay?
ANA: Pues no mucho la verdad, estaba esperando a ver si llamabas. ¿Recuerdas aquello de “unidos por siempre bajo la lluvia”?
EMILIO: Grabado a fuego lo tengo, Ana. Dame un papel que te anoto mi teléfono.

(ANA saca un papel y se lo da a EMILIO, que saca un bolígrafo y anota su número junto a su nombre. ANA sonríe y se guarda el papel en un bolsillo.)

ANA: Que alegría haberte encontrado de nuevo. Yo que pensaba que ya tendrías novia…
EMILIO (nervioso): ¿Novia, yo? No, no que va. No te llamé porque estaba muy liado por el trabajo y eso.
ANA: Al terminar el concierto podríamos ir a cenar a algún lado.
EMILIO: Sí claro. Pero mejor otro día que mañana madrugo.
ANA: Mañana es domingo.
EMILIO: Pero los domingos… los domingos hago… hago inventario en el taller.
ANA: Ah vaya que pena.
EMILIO (guiñándole un ojo): No te preocupes que yo te llamo.
ANA: El martes por la tarde cierra la taquilla.
EMILIO: Perfecto, pues el martes te invito a cenar a un restaurante italiano muy bueno. He leído las opiniones en internet y lo mejor son los aseos. A última hora podemos ir a echar…
ANA (con voz picara): ¡Ay eso yo no me lo pierdo!
EMILIO: Claro, nena, será como en los viejos tiempos.
ANA: Ya estoy deseando que llegue. Te he echado mucho de menos todo este tiempo.
EMILIO: Y yo a ti. Por cierto, ¿por qué tardan tanto en abrir la puerta para ver el concierto?
ANA: Es que están terminado de prepararlo todo. Pero no te preocupes que ya abrimos.
EMILIO: Bien, es que ya estoy aburrido de esperar.
ANA: Mira, podemos hacer una cosa. Cuando abra la taquilla te acercas, me dices que llevas el pase V.I.P. y yo te cuelo. Hoy hay una plaza libre en el palco.
EMILIO: No, mira déjalo, Ana. Es que… es que no puedo…no puedo aceptarlo.
ANA: Pero ¿por qué? Tú me vas a invitar a cenar. Deja que yo te invite ahora.
EMILIO (inquieto): Verás, es que mis amigos están en la otra cola esperando para entrar a las gradas y no les voy a hacer esa putada. Los amigos son los amigos.
ANA: Ahh vale. Bueno pues avísame para otra vez.
EMILIO: Lo haré no lo dudes.

(EMILIO y ANA se despiden con un beso y EMILIO vuelve al final de la cola, donde BEGOÑA le espera.)

BEGOÑA: ¿Y esa cara?, ¿Qué pasa?, ¿Es que han suspendido el concierto?
EMILIO: No, no que va.
BEGOÑA: ¿Entonces?
EMILIO: Nada, tendrás que esperarte.
BEGOÑA: ¿Por qué?
EMILIO: Porque si, Begoña. Están preparándolo todo.
BEGOÑA: Pues ya podían darse prisa que aquí nos vamos a congelar.
EMILIO (señalando): Lo que me han dicho es que la otra cola es más rápida, así que vamos a cambiarnos.
BEGOÑA: Buena idea.
EMILIO (sonriendo satisfecho): Venga, vamos.

(EMILIO y BEGOÑA se cambian a la otra cola, pero ésta no avanza y es igual de lenta. La gente se impacienta y resopla con decepción)

BEGOÑA: Esto no se mueve.
EMILIO: Pues no, es un poco raro.
BEGOÑA: Esta vez iré yo a ver qué pasa.
EMILIO: Como quieras pero yo creo que es cuestión de esperar.
BEGOÑA: ¿Esperar? Ya estoy más que harta de esperar.
EMILIO: Vale pues haz lo que quieras.
BEGOÑA: Ahora vuelvo.

(BEGOÑA va hacia la taquilla. Al verla llegar, MAURO, el taquillero, sale de la taquilla. EMILIO se queda mirando a ANA, que comienza a comprobar las entradas del concierto.)

BEGOÑA: Mauro, ¿eres tú?
MAURO: ¡Madre mía, Begoña! ¡No me lo puedo creer!
BEGOÑA: Hace mucho que no nos vemos.
MAURO: Te mudaste y ya no supe nada más de ti.
BEGOÑA: Pero he vuelto que es lo importante.
MAURO: Dame dos besos, anda.

(BEGOÑA ríe nerviosamente y MAURO le da dos besos al tiempo que se funden en un abrazo.)

BEGOÑA: ¿Qué tal todo?
MAURO: Pues nada contento con el curro.
BEGOÑA: ¿Dejaste la universidad?
MAURO: Sí, bueno…desde que te fuiste tú ya no tenía quien me dejara los apuntes.
BEGOÑA: Más bien querrás decir que no tenías de quien copiarte.
MAURO: Siempre he sido un desastre y sin ti todo fue a peor. No podía estudiar porque no podía concentrarme.
BEGOÑA: Vaya siento que te afectara tanto, pero tuve que cambiar de ciudad.
MAURO: Te eche de menos y lo pasé mal.
BEGOÑA: Bueno, yo también he pasado malos momentos sobre todo con el divorcio de mis padres.
MAURO: Bueno ahora podemos recuperar el tiempo perdido. ¿Recuerdas cuando me decías que las tardes que pasábamos juntos era como si tomaras supervitaminas?
BEGOÑA (riendo tontamente): Sí, tontín. Y lo peor es que tú te lo creías.
MAURO: Pero, Begoña, porque era verdad y creo que lo sigue siendo.
BEGOÑA: Quizás… pero debo decirte algo.
MAURO (Cogiéndola de la mano): Sé que tú también me has echado de menos este tiempo y no dudes que yo te he seguido queriendo a pesar de todo.
BEGOÑA (dudosa mirando hacia el final de la cola): No es eso… es que…
MAURO: Es que…¿ qué?
BEGOÑA: Ay, no es fácil.
MAURO: ¿Por qué no te vienes echar unas cañas y me lo cuentas todo?
BEGOÑA: Es buena idea, pero mira mejor quedamos mañana que hoy con el concierto se va a hacer muy tarde.
MAURO: Vale. Como quieras.
BEGOÑA: Mauro, te voy a dar mi teléfono. No quiero que el tiempo nos separe de nuevo nunca más.

(BEGOÑA anota su número en un papel junto con su nombre y se lo da. MAURO sonríe y se lo guarda en un bolsillo. A su vez MAURO le da a BEGOÑA su número apuntado en otro papel)

MAURO: Toma, y no lo pierdas esta vez.
BEGOÑA: No, tontín, esta vez no. Te llamaré para quedar.
MAURO: Cuando quieras a partir de las ocho de la tarde.
BEGOÑA: Vale.
MAURO: Oye, ¿has venido sola al concierto?
BEGOÑA (dudando): Pues… esto…no…verás… he venido con unas amigas.
MAURO: Preséntamelas, seguro que son muy majas.
BEGOÑA: No, déjalo que son supertímidas…
MAURO: Tengo un amigo supertímido. Se lo puedo presentar y así quedamos todos juntos. ¿Dónde están?
BEGOÑA: Al final de la cola. Pero déjalo. Lo más importante es haberte encontrado de nuevo.
MAURO: Sí, es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.

(MAURO la rodea con los brazos y se funden en beso apasionado)

BEGOÑA: Bueno voy a volver a la cola, antes de que mis amigas se desesperen y monten un pollo.
MAURO: Vale, nos vemos.
BEGOÑA: Hasta pronto.

(BEGOÑA regresa junto a EMILIO que esta embobado mirando a ANA. El guardia de seguridad abre la puerta principal para que la gente entre al concierto. )

EMILIO: ¿Qué te han dicho?
BEGOÑA: Nada.
EMILIO: ¿Nada?
BEGOÑA (poniéndose muy seria): Te han engañado, Emilio. La cola rápida es la otra. Esta es más lenta. Vamos a cambiarnos.
EMILIO: ¡Ni hablar! Esta es la cola buena.
BEGOÑA: Hazme caso por una vez en tu vida.
EMILIO: Yo no me muevo de aquí. Tú haz lo que quieras.
BEGOÑA: ¡Vaya día de aniversario me estás dando!
EMILIO (acariciándole la espalda): Venga, nena, no te pongas así. Lo más importante es estar juntos y al llegar a casa, toca premio…
BEGOÑA: Vale, si en el fondo tienes razón.
EMILIO: Por eso es hoy un día muy especial.
BEGOÑA: Sí, es muy especial.
EMILIO: Por muchas cosas.
BEGOÑA: Muchas. Pero mira, cari, vamos a pasarnos a la otra cola.
EMILIO: ¡Que no!
BEGOÑA (señalando): Pues al menos vamos a la puerta y le enseñamos las entradas al de seguridad.
EMILIO (con tono cansado): Venga vaaaaamos.
BEGOÑA: ¿Ves como tengo buenas ideas?
EMILIO (con ironía): Desde luego, Begoña, no sé qué haría sin ti.

(BEGOÑA y EMILIO se cogen de la mano para avanzar entre la gente. Por un momento se paran. EMILIO mira a ANA mientras BEGOÑA mira a MAURO. Después ambos se miran con resignación. Se van haciendo hueco entre la gente hasta entrar por la puerta principal para ver el concierto. Poco a poco toda la gente entra para ver el concierto. El guardia de seguridad cierra la puerta de acceso. Las taquillas se abren y salen ANA y MAURO que quedan a solas. Se miran extrañados el uno al otro.)

MAURO: ¿Ana?
ANA: ¿Mauro?
MAURO: No te veía desde el instituto.
ANA: ¡Dios mío, cuánto tiempo!

(ANA y MAURO Se abrazan e intercambian dos afectuosos besos.)

MAURO: Siempre supe que te encontraría.
ANA: ¿Pero no tienes novia?
MAURO: No, nada.
ANA: Yo tampoco. Nada de nada.
MAURO (con voz picara): Pues mira cerramos las taquillas y nos vamos a ver una película a mi casa. El sofá es amplio y cómodo ¿Te apetece?
ANA: Nada me gustaría más en el mundo. ¡Vámonos!

(ANA y MAURO cierran las taquillas.  Ambos sacan un papel del bolsillo, lo arrugan y lo tiran al suelo con gesto indiferente. Después se cogen del brazo y se van agarrados de la cintura. Dentro de la sala de conciertos se produce una explosión. La gente golpea la puerta una y otra vez tratando de abrir la puerta.)

EMILIO y BEGOÑA (gritando entre la gente): ¡Socorro! ¡Fuego, fuego! Nos quemamos. Esto es un infierno. Que alguien nos ayude. ¡Abran la puerta!

(Finalmente la puerta cede por los golpes y la gente consigue escapar de la sala de conciertos.  EMILIO y BEGOÑA corren hacia fuera entre la gente.)

BEGOÑA: ¡Ay Emilio, que miedo he pasado!
EMILIO: Tranquila que para eso estoy a tu lado.
BEGOÑA: Menos mal que te tendré siempre a mi lado.
EMILIO: Tenemos que llamar a una ambulancia. Puede haber gente herida.

(BEGOÑA y EMILIO buscar en sus bolsillos el móvil y se les cae un papel al suelo. Cuando se agachan a cogerlo descubren los papeles con los números de teléfono del otro apuntados)

EMILIO: Begoña, ¿qué significa esto? ¿A quién le has dado tu número?
BEGOÑA: ¿Y tú, Emilio, a quien se lo has dado tú?
EMILIO: No me cambies de tema.
BEGOÑA: Ha sido a esa taquillera pelmaza. Claro por eso no querías cambiar de cola.
EMILIO: ¿Y tú qué? ¿Piensas que no me he dado cuenta de cómo mirabas a ese taquillero liante?
BEGOÑA: Sí, vale.
EMILIO: Pues eso.
BEGOÑA: Lo mismo digo.
EMILIO: Pues tira con él.
BEGOÑA: Pues tira tú con ella
EMILIO: Pues no me importa.
BEGOÑA: Pues a mí menos.
EMILIO: Pues adiós.
BEGOÑA: Pues hasta nunca.

(EMILIO y BEGOÑA se marchan en direcciones opuestas cada uno llevando los papeles con los números de móvil apuntados de sus frustrados amantes.  Miran a los papeles y echan a llorar a gritos. Se han quedado solos.)


(TELÓN)


No hay comentarios:

Publicar un comentario